Sexo y gastronomía
Haciendo bizcochos con el chocho.
SORPRENDE A TU PAREJA CON LAS MANOS EN LA MASA
Nadie niega que comer cipotes, ojetes y conejitos, además de alegrarnos las campanillas, nos deja la lengua como nueva. Pero ya va siendo hora de regalar nuevos sabores a nuestros apetitos venéreos. Así que chicas y, sobre todo vosotros, chicos, colgaros el mandil de cocina para convertiros en maestros pasteleros al amparo de esa entrepierna cariñosona que tantas veces habéis visitado.
Quién haya pasado una soleada tarde de verano en compañía de dos dulces muchachas en edad de merecer, seguramente habrá aprovechado el momento para olisquear el bosquecillo que rodea esos labios enrojecidos y húmedos como los bajos de una simpática babosilla retozona. Lamiendo y fondeando dos coñitos a la vez, enseguida nos damos cuenta de que no todas las rajitas de pomelo tiene el mismo sabor ni perfuman el aire con la misma gracia. De modo que un pasatiempo inocente y divertido lo encontramos al tratar de combinar los jugos amorosos que derrama nuestra chica con otros de los sabores que más nos chiflan.

Tomad media docena de fresas limpias y coloradas e introducidlas, una a una en el chochito de vuestra amante. Dejad que gima, que el roce de las pulpas con las paredes de la vagina dilaten aún más los labios exteriores mientras los fresones se empapan de los preliminares de la corrida. Empujad las piezas húmedas y frescas con la punta del dedo, hacia adentro, hasta que queden bien acomodadas en el interior, chapotenado en su jugo. Algunas mujeres prefieren jugar a dos bandas y gustan de abrir y cerrar, a la vez, las prietas puertas de delante y de atrás, llenándose el ano de frutas del bosque.
Más tarde, cuando os comáis el manjar macerado, podréis apreciar la sutil diferencia que existe entre el licor de las dos fuentes que lo han regado. También podéis facilitar la entrada de las fresas llenando de saliva el hueco del culo, deleitando aún más vuestras papilas gustativas. Pero untar frutillas en la crema del chumino no debe ser la mayor aspiración de un buen cocinero. Hace falta incorporar nuevos ingredientes a la masa, disfrutad del momento y llenad de dulces los orificios que se abren y cierran ante vuestros ojos. Moras, uvas, avellanas, corazones de nuez, dátiles, ciruelas pasas, peladillas, guindas confitadas, almendras, cerezas, higos secos, nubes de azúcar, onzas de chocolate, manises, altramuces, palomitas y garrapìñadas, todo cuanto pueda abonar ese jardín secreto debe ser introducido con suma delicadeza de príncipe.
Podéis aprovechar la ocasión para dejar que vuestra polla caliente y suntuosa se interne entre las demás golosinas, batiendo la mezcla a ritmo lento y mesurado. De modo que al extraer los chuches y porciones estos aparecerán recubiertos con una capa de leche condensada. Esa mezcla, unida a un buen poso de levadura os permitirá hornear un bizcocho delicioso, repleto de sorprendentes sabores que nunca antes habíais degustado. Mientras la masa crece en el horno, vosotros seguiréis la jarana compartiendo una buena ducha que os libere de los restos de la bacanal. A la hora de la merienda, al compartir el pastel con vuestra pareja, puede que encontréis un pelillo al azar. Adivinad a cuál de los dos pertenece. El propietario será el encargado de cocinat el bizcocho de la semana siguiente. Bon appétit.
por Johnny Laputta

