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Sexo nacionalista

Follar por la bandera

¿QUIÉN NO HA SOÑADO ALGUNA VEZ CON ECHAR UN BUEN POLVO EN UNA TRINCHERA?

Ahora que corren tan buenos tiempos para los mercenarios y traficantes de armas que gobiernan nuestros mundos, lo mejor será que nosotros hagamos la guerra por nuestra cuenta. Armémonos con nuestros pollones, bolas, chochitos y tetorras, tan bien curtidos en el arte del mete y saca, y gocemos la vida un rato. ¿Quién no ha soñado alguna vez con echar un buen polvo en una trinchera, entre el olor del sudor y de la pólvora?

Si por vuestra casa corretea una bandera, procuradle al menos el mejor de los usos y abusos. Vuestra chica se envolverá única y exclusivamente con ella, como un rollito de primavera suave y calentito. Que se mueva y se masturbe dentro de ella mientras vosotros os aguantáis las ganas de descubrirla. Cuando, entre gemidos, os pida verdadera guerra, desenrrolladla lentamente hasta que su cuerpo ardiente y sudoroso se os ofrezca tendido sobre el lienzo de la patria. Descolgaos entre sus piernas, que sus muslos color cereza os rodeen mientras introducís en ella vuestro nardo endurecido y presto a los mejores embates de la batalla.

Meneaos los dos al ritmo de vuestro himno nacional mientras los pezones erizados traquetean y vuestros culos avanzan y retroceden con ejemplar disciplina. Llegado el momento del último impulso, dejad que vuestra leche salpique el aire con ilusión, cruzando el cielo de su cara o de su barriguita contenta en cuatro o cinco chorros, como auténticas salvas militares.

Una vez bautizada la bandera, podéis encontrar aún mejores entretenimientos que aminoren las palpitaciones de vuestro sexo incandescente. Vestíos de verde o caqui, embadurnaos el rostro y el cuerpo con arcilla o mejores alimentos. Y lanzaos a retozar en una zanja de tierra y maleza, cual carne de cañón dispuesta para la victoria. No tengáis prisa, regocijaos a la hora de introducir y extraer los dedos, las manos y la lengua del uniforme de vuestra amante, oficial y prisionera. Utilizad vuestras armas para escarbar en vuestros recovecos más ambiguos. El valiente cañoncito de la pistola se sentirá como en su casa enterrado entre los pligues de su conejito y en el hoyuelo abovedado de vuestro ano. Las cananas os pueden servir de bolas chinas y los cinturones harán las veces de látigo fustigador y de atadura para inmovilizar y ser inmovilizados. Placer y dolor en uno, follando en pareja o en regimiento.

Y al final, si aún os quedan ganas de seguir disfrutando, separad las nalgas, aflojad los esfínteres y dejad que vuestro excremento suave y calentito caiga sobre la aguerrida bandera, dibujando el aromático escudo insignia de vuestra nación crepuscular.

Por Johnny Laputta

Comentarios

  1. JOse 13 de enero 2006, a las 4:35 pm Responder

    Hace tiempo vi una peli porno donde dos “soldados” en una trinchera estaba alertas a cualquier amenaza, de pronto aparece tremenda catira y empezo la verdadera guerra, la caraja hablaba ruso creo y los soldados ingles. a la final cuando les saco la ultima gota de leche a los dos, toma una pistola y mato a los soldados, ¡era una espia! y se fue sin ropa huyendo y saltando.

  2. julio76 13 de enero 2006, a las 2:06 am Responder

    Que gran pelicula debia ser esa, si señor…

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