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Foto de Burning Angel

Altporn

El nombre que se da al porno alternativo suele ser tan ambiguo como la propia definición de ese tipo de porno. Nadie tiene del todo claro qué exactamente el Altporn. Se sabe que la expresión se acuñó a principios de la década de los 2000 para referirse al entretenimiento para adultos del estilo de Suicide Girls, RaverPorn y posteriormente Burning Angel o la española Altporn4U, y era lo que hasta entonces los críticos de la industria solían identificar como “erotismo subcultural”. La relación de este tipo de porno con las subculturas y las tribus urbanas como los góticos, los punks o los ravers solía quedarse en la mera estética y ahí es donde empiezan los problemas para distinguirlo.

Los rasgos visuales típicos como los tatuajes, los piercings o el pelo de colores se pusieron de moda y alcanzaron un estatus de aceptación social que terminó por diluir la distinción más evidente del altporn respecto al porno comercial. A estas alturas el debate sobre qué es o qué deja de ser altporn es cada vez más confuso y ni los propios profesionales del mundillo terminan de ponerse de acuerdo. Algunos hablan de meros ramalazos estéticos, otro de una pátina ideológica distinta, y la discusión se ha vuelto todavía más intensa después de aparecer el porno feminista que se cataloga a sí mismo como tal, un nicho creciente que ha ido canibalizando el tanto del alt porn comprometido social y políticamente.

Al final todo se reduce a una mera cuestión de apariencia: el altporn es, por definición, el lugar en el que deberíamos encontrar un tipo de porno alejado de los estándares, con perspectivas sobre el canon de belleza que desmonten costumbres relacionadas con el género, la edad, el peso o lo que se suele considerar físicamente atractivo. Cuestionar lo establecido. Y en realidad la mayoría de altporn está plagado de mujeres guapas y jóvenes, que es un poco lo de siempre.