Cine convencional con sexo real: 10 ejemplos

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Por 44

Hace unos meses publicábamos una escena perteneciente al filme Hotel Desire debido a la particularidad de que los actores protagonistas practicaron sexo real ante las cámaras a pesar de tratarse de cine muy alejado del porno. Inmediatamente empezaron a llovernos comentarios que sugerían casos similares, encuentros de sexo explícito y real enmarcados en producciones convencionales (aunque quizá no clasificables como “comerciales”, por motivos evidentes), así que se nos ocurrió que quizá sería buena idea reunir algunas de estas escenas que proponíais, y otras que no conozcáis, en una sola lista. Un modesto intento de explorar e ilustrar ese límite invisible que separa a veces el arte de la pornografía.

All About Anna (Jessica Nilsson, 2005)

Obra de la productora danesa Zentopa (propiedad de Lars von Trier y responsable de algunas de las primeras películas 100% porno pensadas para el publico femenino), este filme puso a prueba la profesionalidad de sus actores, que se veían por primera vez en sus vidas follando de verdad ante las cámaras. El resultado fue un excelente ejercicio narrativo que dominaba muy esta ambigüedad entre qué es porno y qué es cine dando vida a un drama que no tenía ningún sentido sin esas escenas de sexo explícito. Por suerte, parece que elenco entendió la idea y los encuentros no son solamente erotizantes sino que también son creíbles.

9 Songs (Michael Winterbottom, 2004)

Masturbación, cunilingus, felaciones, penetraciones vaginales… Esta poética pieza no solo rinde tributo al amor y la música ilustrando el tórrido romance entre un climatólogo inglés y una Erasmus americana, sino también al sexo como la forma más profunda de relación humana. Arropada por temas de franz Ferdinand, Primal Scream y Super Furry Animals entre otros, la película juega mas con la ambigüedad entre lo lírico y lo mundano que entre el porno y el arte.

The Brown Bunny (Vincent Gallo, 2003)

Justo antes de un final absolutamente devastador que no os voy a destrozar, el director y protagonista del filme Vincent Gallo recibe una felación por parte de Chloe Sevigny (siempre ligada a la polémica desde su participación en la brillante Kids, que muestra sexo no real pero sí realista entre supuestos menores) que, aquí sí, es tan real como realista. La road movie, que se llevó bastantes palos en Cannes durante su estreno, presenta además una descomunal selección de temazos entre los que destaca Dying Song de John Frusciante.

El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima, 1976)

Un clásico del cine polémico, pese a que se ha emitido íntegra en varios canales de televisión, y una película terriblemente aburrida si se me permite dar mi opinión. La idea, eso sí, no podría ser más sugerente: un drama romántico que gira alrededor de una pareja (una criada exprostituta y su jefe) con una relación enfermiza y destructiva en la que la experimentación sexual termina por generar una escalada de depravación y muerte. El resultado, eso sí, no da para tanto.

Romance X (Catherine Breillat, 1999)

Dicen que esta producción francesa fue una de las más directas contribuyentes a esa tendencia de algunos cineastas independientes a incluir escenas de sexo real en películas como The Brown Bunny, All About Anna o 9 Songs. Desde luego, incluir a un consagradísimo gurú de la industria como Rocco Siffredi, una leyenda viva del porno, en el reparto de la película era toda una declaración de intenciones, y a buen seguro que la actriz de cine convencional Caroline Ducey pensó lo mismo cuando le dijeron debería enfrentarse al mítico pollón de nuestro amigo italiano.

Los idiotas (Lars von Trier, 1998)

Como propietario de la productora Zentropa, estaba claro que el siempre polémico Lars von Trier no podía tener muchos reparos a la hora de abordar temas sexuales. Por eso en esta película, que fue la segunda producción en someterse al decálogo del movimiento cinematográfico vanguardista Dogma 95 tras La celebración de Vinterberg, los llamados “idiotas” (un grupo de bohemios antiburguesía que buscan deshacerse de inhibiciones y convencionalismos sociales) practican sexo real durante una orgía en el cumpleaños de uno de los personajes. Vale la pena destacar también la escena en la que otro personaje se hace pasar por discapacitado psíquico para entrar en las duchas de mujeres de una piscina municipal y donde las damas que aparecen por allí son realmente socias del club de natación que no sabían muy bien de qué iba el asunto.

Orgía

Duchas

Fóllame (Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi, 2000)

Otro de esos ejemplos del extremismo cinematográfico francés: titulada originalmente Baise-moi, que en el francés actual significa “fóllame” y en el clásico “bésame”, jugaba con esa misma ambigüedad hasta las últimas consecuencias. El guión está basado en una novela de la escritora también codirectora del filme Virginie Despentes, que se rodeó de trabajadores de la industria del porno (Coralie Trinh Thi, Karen Lancaume, Raffaëla Anderson, Ian Scott…) para adaptar una historia repleta de encuentros sexuales explícitos y alguna que otra violación.

Calígula (Tinto Brass, 1979)

Ya hablamos largo y tendido de esta película hace algún tiempo. Tinto Brass quería reproducir con total explicitud los momentos de desvarío sexual del emperador romano y, tras algunas escenas de sexo simulado, decidió contratar a Bob Guccione (responsable de la revista Penthouse) para que se encargase de rodar la gran orgía del barco, donde pornstars de la época no dudaron en montárselo con modelos de la revista y algunos extras (uno de ellos enano) en una escena que será recordada.

Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006)

Tras el majestuoso y muy infravalorado musical filogay Hedwig and the Angry Inch, John Cameron Mitchell le cogió el gustillo al tema de escribir y dirigir, y con este segundo trabajo titulado Shortbus siguió explorando los caminos de la sexualidad y el género desde una perspectiva menos histriónica y más cercana. El filme es una más que recomendable comedia sobre una sexóloga anorgásmica que acude a un club swinger de lo más curioso, llamado Shortbus y frecuentado por artistas y otros bohemios, y sobre su relación con los personajes que allí conoce. Incluye mucho sexo real heterosexual pero también homosexual, como una memorable escena en la que un tipo canta el himno de Estados Unidos mientras le practica un analingus a otro durante un trío gay. Oro puro.

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